Huang et al (2020) Estimado señor Casado: ¡España sí se desertifica!

El negacionismo del Partido Popular respecto a los problemas derivados del Cambio Global es realmente preocupante. Esto no necesariamente significa que nieguen la evidencia del cambio climático y de la existencia de problemas ecológicos, lo cual no hacen de forma inequívoca y unánime. Lo que niegan es la gravedad de su alcance, menospreciando las acciones que emprenden otros grupos políticos y sociales para mitigarlos. Esto es especialmente preocupante debido a que este es un partido que se supone moderado, y que representa a una gran proporción de la población española.

Existen varios ejemplos bastante alarmantes de este negacionismo. Por ejemplo, poco después de ser elegido alcalde, el Sr. Martínez-Almeida, portavoz nacional del grupo, dejaba a un grupo de niños atónitos al decirles que era más importante restaurar la catedral de Notredamme que la Amazonía. Es decir, que es más prioritario una Catedral Católica Europea, “por los valores que representa“, que 6,7 millones de kilómetros cuadrados de selva tropical húmeda donde habitan unas 60.000 especies de insectos, 50.000 de plantas, 1.400 de peces, 500 de mamíferos, 387 de reptiles, 163 de anfibios, etcétera, con alto grado de endemicidad, y que acumula el 10% de carbono forestal mundial al capturar más de 150 teragramos de CO2 al año (dos terceras partes de lo que emite España). Más recientemente, anunció su plan de acabar con Madrid Central, el estandarte de su campaña electoral, abriendo de nuevo la almendra central de la capital a todos los vehículos, y avanzando en el sentido contrario a la mayoría de ciudades Europeas.

Las declaraciones que hizo Pablo Casado la semana pasada en un acto sobre la España vaciada no hacen más que confirmar la postura negacionista del partido y de sus líderes más visibles. Casado empezó defendiendo la sostenibilidad medioambiental, pero cuidado, la “no punitiva“. Y, ¿qué es eso? Pues bien, explica que es no tomar acción política alguna, y en su lugar “confiar en la gente“. “Yo no puedo decir ahora mismo, como político: la gente tiene que dejar de comer carne o comprar menos ropa“, fehaciente prueba de que el líder popular no reconoce la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos. De hecho, admitiendo la gravedad de la reciente crisis sanitaria, propuso medidas punitivas como la obligatoriedad de llevar mascarilla en la calle durante la pandemia de coronavirus. Casado da algunos ejemplos de sostenibilidad ambiental no punitiva: “no hay que demonizar si se quiere hacer una granja porcina porque haya purines […] o por ejemplo que no se demonice el diésel, porque yo no he visto nunca un tractor eléctrico“. Parece que cree más importante incentivar el crecimiento agrario en base a maquinaria contaminante que incentivar el desarrollo del insólito tractor. Además, Casado pone como referencia del éxito para el emprendimiento rural el caso de Arteixo—cuna de Inditex y morada del Complejo Industrial de A Coruña, que aloja una de las mayores refinerías de petróleo de Repsol—diciendo orgulloso que “antes era un pueblo y ahora es un núcleo industrial“, alabando así esa transformación tan opuesta a los ideales del ecologismo. Entre otras reflexiones plagadas de apología del capitalismo desenfrenado, del turismo y el ladrillo, y de la conservación de los valores tradicionales de la España rural más que de su patrimonio natural y su progreso hacia la sostenibilidad—punitiva o no—terminó apuntillando que “a mi nadie me va a dar lecciones de modernidad ni de sostenibilidad“.

Esta entrada está inspirada en otra de las declaraciones de Casado en Soria. Textualmente, afirmo que “frente a aquellos catastrofistas que dicen que avanza mucho la desertificación, sería bueno mirar los indicadores internacionales que ven a España como uno de los pocos países en la que los bosques están creciendo desde hace una década“. Pues bien, Sr. Casado, España sí se desertifica. Además, resulta que la panda de “catastrofistas” somos científicos expertos, tan respetables como los epidemiólogos, los médicos, o los ingenieros. Unos científicos que, con seguridad, serán cada vez más valorados según la sociedad civil se percate de todo lo que está en juego. Esos científicos somos los ecólogos.

En efecto, según datos del Banco Mundial publicados en 2016, la superficie forestal en España pasó de 27 a 37% entre 1990 y 2016, mayormente debido al abandono rural. Pero esto no es incompatible con la desertificación, que entra implacable en nuestra península desde el sur y el levante. La desertificación es vista como algo catastrófico por los que, en lugar de consultar datos antiguos, nos dedicamos a entender la dinámica de los sistemas naturales para hacer predicciones a futuro. Así que, señor Casado, la próxima vez que quiera hablar de bosques y desiertos, le recomiendo una fuente de datos más fiable que la que publican los bancos: Los estudios ecológicos.

Entre muchos otros artículos científicos, la amenaza de desertificación en España ha sido puesta de manifiesto por Huang et al (2020) en su paper “Global desertification vulnerability to climate change and human activities” (doi: 10.1002/ldr.3556).

Para comenzar, los autores nos definen la desertificación como la “degradación del terreno en regiones áridas, semiáridas, y sub-húmedas, como resultado de varios factores incluyendo causas climáticas y la actividad del hombre”. Sin embargo, los autores apuntan que la mayoría de modelos predictivos hasta la fecha ignoraban los efectos directos de la actividad humana. No se refieren a los efectos indirectos mediados por la modificación climática, que siguen siendo atribuibles al humano, sino a otras actividades con un impacto directo sobre el terreno como la intensificación de la agricultura, la contaminación, o el sobrepastoreo. Además, añaden que estos modelos estaban basados en indicadores desarrollados para regiones Mediterráneas, y su aplicación a otros biomas requería modificación.

En este paper, los autores desarrollan un nuevo índice de desertificación más inclusivo, el índice de vulnerabilidad global a la desertificación (GDVI, por sus siglas en inglés), y lo utilizan para modelizar los riesgos de desertificación en las distintas regiones de nuestro planeta. Incorporan en su modelo agentes relacionados a la acción humana directa, como el PIB, la densidad de población y su crecimiento, y las emisiones de CO2, junto con los efectos indirectos representados por cambios en la temperatura, la aridez, y variables relacionadas con la vegetación, debidas al cambio climático.

En primer lugar, los autores calculan el GDVI a escala planetaria utilizando datos de 2000 hasta 2014 (solapando en su mayor parte con los datos que manifiestan un aumento de la cobertura forestal en nuestro país). El índice de desertificación aparece en naranja o rojo en tres cuartos de la superficie de España indicando niveles de moderado a muy alto de desertificación. Estos resultados no solo consolidan las expectativas de modelos previos basados en índices de desertificación específicos para regiones mediterráneas, sino que sitúan a España como una de las regiones en mayor nivel de alerta mundial. En el continente Europeo, España es la única región que incluye zonas de riesgo alto o muy alto, cubriendo estas todo el cuadrante sudoriental peninsular además de algunas regiones más septentrionales del levante y de la meseta norte (incluyendo, por cierto, la misma provincia de Soria donde Casado dejó entrever que no aceptaría lecciones de sostenibilidad de Huang et al).

(a) Riesgo de desertificación según el GDVI, y, (b) incremento del riesgo de cara a final de siglo según el RCP8.5 a nivel global, adaptado de Huang et al (2020). Ambos indicadores sitúan a España como el país más amenazado por la desertificación en presente y futuro de toda la región Europea.

A continuación, y tras cotejar las predicciones del índice con casos reales, Huang et al (2020) aplican su índice en un modelo para generar predicciones a futuro, aplicando las expectativas de dos escenarios (RPC4.5 y RCP8.5) del IPCC (panel intergubernamental de cambio climático). En ambos casos encuentran que el riesgo de desertificación aumenta en todas o prácticamente todas las regiones del planeta. En el caso de España, de nuevo, los resultados de este estudio son muy preocupantes. Demuestran que de aquí a final de siglo, incluso en el escenario menos agresivo, el RCP4.5, en el que el impacto negativo directo de las actividades humanas decaería a partir de 2040, el riesgo de desertificación aumenta respecto al actual en casi todo nuestro territorio.

Después de que el portavoz nacional Martínez-Almeida tumbase Madrid Central, las declaraciones del candidato a presidente, el señor Pablo Casado, de la semana pasada en Soria, llamando “catastrofistas” a los científicos, alinean al PP con el negacionismo de la gravedad del Cambio Global. Sin embargo, estudios científicos le contradicen y aseveran que España se desertifica.

Publicado por Ciro Cabal

Soy ecólogo, investigador predoctoral en la Universidad de Princeton (New Jersey, US). Me interesa la ecología teórica de la vegetación, y las interacciones biofísicas entre plantas. También soy ecologista, pragmático más que extremista, pero muy preocupado por el Cambio Global y la poca concienciación social.

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