Shi et al (2021) Los confinamientos y la contaminación atmosférica

Los meses de marzo, abril, y mayo del año 2020 fueron especialmente duros para muchos ciudadanos occidentales, debido a los confinamientos estrictos a los que fueron forzadas nuestras sociedades libres. De un día para otro, cientos de millones de ciudadanos del primer mundo, los que mas consumen y contaminan, se vieron privados de sus coches, sus viajes en avión, y muchas otras de sus malas costumbres.

No tardaron en llegar los visionarios con buenas noticias. Noticias que trascendieron de las redes sociales y llegaron a ocupar las páginas de los periódicos y los minutos del telediario. “Ciervos paseando por París y delfines en los canales de Venecia: los animales toman las ciudades durante la cuarentena” dice La Sexta. “Ahora que hemos conocido Madrid sin contaminación” rezaba El País. Aún recientemente, en 2021, el periódico El Mundo publica que “El coronavirus provoca un descenso histórico de la contaminación en Madrid: el dato más bajo en 10 años”. Les ha faltado atribuir el mérito a su alcalde, el promotor de la polémica campaña “Madrid Green Capital” durante la pasada Cumbre del Clima. Estaría en su línea editorial.

Pareciera que algo bueno nos trajo el confinamiento. Pero ¿hay verdaderos motivos para alegrarse?

No demasiados, no exponen Shi et al (2021) en su paper “Abrupt but smaller than expected changes in surface air quality attributable to COVID-19 lockdowns” (doi: 10.1126/sciadv.abd6696).

Los autores comienzan por exponer la cruda realidad. Mientras que el COVID-19 ha matado ya a poco más de 2 millones de personas, la contaminación atmosférica mató en el año 2015 a ni más ni menos que 8,8 millones de personas. No deja de ser sorprendente ese dato aislado. ¿Cómo es posible que no cunda el pánico en la sociedad y que los políticos no tomen medidas estrictas contra una enfermedad que mató en 2015 a un 75% más de personas que la epidemia que ha paralizado el mundo en 2020? Y, para más inri, ambos fenómenos siguen los mismos cauces de letalidad; enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Primero, Shi et al. repasan una serie de artículos científicos que atestiguan una caída abrupta en a contaminación en consecuencia del parón económico. El confinamiento puso a disposición de los científicos un experimento sin precedentes, a nivel planetario, para estudiar los posibles impactos que tendría una reducción de la contaminación atmosférica asociada al Cambio Global causado por el humano.

Pero Shi et al van un paso más allá en su paper. Evaluan el efecto del confinamiento sobre la contaminación atmosférica en 11 grandes ciudades internacionales, incluida Madrid. Para ello comparan la contaminación diaria entre diciembre y mayo de los años 2018 (sin confinamiento) y 2020 (con confinamiento). Además, controlan los efectos que tiene la meteorología sobre la contaminación, que cambian entre días, estaciones, y años diferentes, pudiendo enmascarar las diferencias debidas al parón de la actividad humana.

Concentración de los dos principales gases contaminantes, el NO2 y el O3, en microgramos por metro cúbico, en tres ciudades consideradas en el estudio, incluyendo Madrid. Datos diarios desde diciembre 2019 hasta mayo 2020, donde la línea vertical indica el inicio del confinamiento. Adaptado del material suplementario de Shi et al (2021).

Sus resultados son desalentadores. Shi et al encuentran una bajada abrupta en el dióxido de nitrógeno (NO2) atmosférico, principal contaminante y uno de los productos de la combustión del diésel. Esta bajada es especialmente notable en las zonas de carretera de la mayoría de ciudades. Atestigua la drástica reducción del tráfico de vehículos privados. El estudio encontró que la disminución de este contaminante tras el confinamiento es abrupta, pero mucho menor de lo esperable. De media, la caída es de tan solo 3o% al controlar los efectos de la meteorología.

Sin embargo, el otro principal contaminante de las ciudades, el ozono (O3), aumentó. El motivo es que el ozono reacciona oxidando los óxidos de nitrógeno y transformándose en oxígeno (O2). Al reducirse la concentración del otro reactivo, el dióxido de nitrógeno, el ozono se acumula. Shi et al concluyen que, en balance, es muy probable que el confinamiento no trajese efectos positivos netos y palpables, al verse compensada la caída del dióxido de nitrógeno por una subida de ozono. Sólo una reducción del tráfico, el consumo, y la industria, a largo plazo podría, concluyen, mejorar la calidad del aire y en consecuencia nuestra salud y la de nuestro planeta.

Parece que el parón por COVID-19, causante de 2M de muertes por año, al fin y al cabo no redujo tanto una contaminación atmosférica que mata a 4.2M al año, pero por la que no parecemos dispuestos a cambiar nuestro modo de vida.

Publicado por Ciro Cabal

Soy ecólogo, investigador predoctoral en la Universidad de Princeton (New Jersey, US). Me interesa la ecología teórica de la vegetación, y las interacciones biofísicas entre plantas. También soy ecologista, pragmático más que extremista, pero muy preocupado por el Cambio Global y la poca concienciación social.

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