Duffy et al (2021) cuando los bosques se vuelvan en nuestra contra

La vegetación es una de nuestras grandes aliadas de cara al Cambio Global, dicen, puesto que las plantas absorben dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Desde las grandes campañas de plantar un árbol, estrategia infalible de lavado verde para algunas empresas, hasta los esfuerzos de grandes ONG para conservar las masas de vegetación, todo parece indicar que así es.

El escepticismo es un arma de doble filo, ya que es una característica esencial de todo buen negacionista, pero también de todo buen científico. Sin embargo, sirve para diferenciar a los científicos de los activistas más extremos, que suelen basarse más bien en la fe. Y bien, aunque los ecologistas se aferren a los árboles cual baronesa Thyssen en el Paseo del Prado de Madrid, recientemente un equipo de ecólogos ha puesto a prueba este hecho.

Lo hacen Duffy et al (2021) en su paper “How close are we to the temperature tipping point of the terrestrial biosphere?” (doi: 10.1126/sciadv.aay1052)

Los autores comienzan por explicar que, en efecto, las masas forestales actualmente amortiguan nada menos que un tercio de la emisión humana de ese gas de efecto invernadero. Se debe al proceso de la fotosíntesis. Todos recordaremos a esa maestra o ese maestro de escuela contándonos que una de las más importantes reacciones para la vida es aquella por la que las plantas verdes absorben luz del sol y CO2, generando materia orgánica y liberando oxígeno (O2). Probablemente recordemos también aquella otra historia de que los animales, por el contrario, respiramos, absorbiendo O2 y devolviendo CO2 de vuelta.

Pero ¡ojo!, nos alertan Duffy et al, ¡que las plantas también respiran!

Si bien es cierto que las plantas absorben CO2 y liberan O2, hay que tener en cuenta que este balance es el resultado de ambos procesos, la fotosíntesis y la respiración de las plantas, sucediendo simultáneamente. Imagínese intentando inflar un globo pinchado. Si el pinchazo es pequeño y su capacidad pulmonar alta, aunque haya aire entrando y saliendo del globo simultáneamente, logrará que el globo crezca en volumen. Así es como los árboles logran acumular CO2 del aire, a pesar de las pérdidas por respiración. Pero, igual que cuando uno se va cansando de soplar, o cuando el pinchazo se dilata, la situación podría estar invirtiéndose para las plantas.

Duffy et al se centran en estudiar los cambios en la fotosíntesis, la respiración, y su balance neto en las plantas. Para ello utilizan unas serie de datos sin parangón, recolectados a lo largo de más de 20 años en diferentes ecosistemas del globo. En ellos, estudian cómo varía la dinámica del CO2 al cambiar la temperatura. Es decir, cómo va a cambiar la fotosíntesis por un lado, y la respiración por otro lado, en función del aumento de la temperatura.

Y no nos traen buenas noticias.

Concluyen que la fotosíntesis máxima se alcanza a los 18 y 28 ºC para los dos principales tipos de plantas según sus metabolismos (C3 y C4 respectivamente). Sin embargo. la respiración aumenta hasta alcanzar un máximo a una temperatura de ni más ni menos que 60 ºC. En balance, calculan, a partir de los 24,5 ºC las plantas pasan de absorber a liberar CO2 a la atmósfera. Por lo tanto, la subida de las temperaturas debida al Cambio Global conllevará una progresiva pérdida de la capacidad de los bosques para actuar como sumideros de gases de efecto invernadero, y de amortiguar el cambio climático.

Cambios en la dinámica de carbono durante la fotosíntesis de plantas C3 y plantas C4 y su respiración en función de la temperatura, adaptado de Duffy et al (2021)

Pero, ¿cuándo se cansarán los bosques de soplar?

Evidentemente, la tierra es muy amplia y la temperatura varía regionalmente y a lo largo del tiempo. Por ello, siempre hay momentos y lugares en los que la temperatura es óptima para la fotosíntesis, y otros en los que la respiración domina. Por ello, Duffy et al (2021) estiman cuáles son, y serán, los promedios globales. Calculan el punto en el cual, en promedio anual, más de la mitad de la vegetación global respirará más que fotosintetice. En ese punto de inflexión, los árboles dejarán de ser nuestros aliados. Y, a partir de ahí, no solo no absorberán, sino que comenzarán a actuar como una fuente de CO2.

Los resultados muestran que, actualmente, el 10% de la vegetación global ya es una fuente de CO2, pero el 90 % restante sigue siendo sumidero. Sin embargo, al acoplar sus datos con modelos del clima, encuentran que en unos treinta años la mitad de la vegetación ya no estará de nuestro lado. Para la segunda mitad de este siglo, serán fuente de CO2. Terminan apuntando que en el momento en que que el balance se invierte, las plantas están muriendo: La fotosíntesis es la “comida de las plantas”, y si las plantas pierden más materia de la que ganan, no podrán estar creciendo, sino todo lo contrario.

Damos por sentado que los bosques son nuestros aliados frente a los retos ambientales, al amortiguar nuestra contaminación. Pero ya no nos podemos fiar ni de ellos. Puede que en unos años sean, de hecho, los bosques los que contaminen.

Publicado por Ciro Cabal

Soy ecólogo, investigador predoctoral en la Universidad de Princeton (New Jersey, US). Me interesa la ecología teórica de la vegetación, y las interacciones biofísicas entre plantas. También soy ecologista, pragmático más que extremista, pero muy preocupado por el Cambio Global y la poca concienciación social.

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